Iglesia Parroquial de San Lucas Evangelista

La iglesia

 

Foto Iglesia

La iglesia, situada en pleno centro de Cheste, es el edificio más significativo de la población. Erigido en el siglo XVIII como símbolo del poder y alcance de la Iglesia, el templo ha venido siendo a lo largo de los años, el centro de la vida religiosa de todo Cheste. Sus muros, testigos mudos de la historia, han visto pasar el tiempo y los acontecimientos a su alrededor o incluso han sido los protagonistas. 

Desde su construcción, la iglesia parroquial se ha convertido en el auténtico símbolo de Cheste. Su torre, que se alza hasta los cincuenta metros, atrae las miradas desde cualquier parte de la población y los alrededores.

Historia

Historia

 

 La iglesia primitiva de San Lucas estuvo ubicada en la actual plaza del Castillo, junto a la Casa Abadía. Lo que se sabe de ella es que era una iglesia gótica cuyo estilo constructivo podíamos situar entre los siglos XIV y XV.

Esta iglesia de pequeñas dimensiones fue el principal centro de la vida religiosa de Cheste durante 3 o 4 siglos. No obstante, tras varias rehabilitaciones y reconstrucciones, el impulso de los nuevos cristianos hizó que el recinto de quedara a todas luces insufiente. Finalmente se decidió edificar una iglesia de nueva planta, en lugar de volver a modificar el trazado de la existente. El nuevo templo se dedicó al mismo patrón, y se bautizó con el nombre de “Iglesia Parroquial de San Lucas Evangelista”. Su construcción se prolongó durante casi 60 años.

La construcción de la nueva iglesia dio comienzo por la cabecera, como en toda obra religiosa, facilitando de ese modo la posibilidad de oficiar misas lo antes posible en su altar mayor. Las obras se continuaron desde ese punto atravesando el espacio del crucero y prolongándose por la nave hasta alcanzar los pies del edificio. La conclusión de la iglesia con sus diferentes partes interiores debemos situarla en el año 1760, tal como consta en la inscripción situada a los pies de la misma sobre la puerta de ingreso. El día 23 de junio de ese año fue bendecida por el entonces cura de la parroquia Juan Bautista Company.

Finalizadas estas obras darían comienzo las de la torre campanario y seguidamente las de la actual fachada, poniendo fin al proyecto arquitectónico.

Con la nueva iglesia como centro de culto, la antigua siguió cumpliendo determinadas funciones abocadas a fines benéficos. Con el nombre de capilla de San Lucas “el viejo”, permaneció en pie hasta 1936, cuando el advenimiento de la contienda civil la destruyó para siempre.

Estilo arquitectonico

Estilo arquitectonico

 

Iglesia

La iglesia de San Lucas Evangelista de Cheste se configuró como un edificio barroco donde aparecen las premisas académicas. Si bien está dotado de un aire clasicista, éste debe entenderse afín al clasicimo de un barroco tardío y no de un neoclasicismo donde se impondrán los presupuestos racionalistas en toda su extensión. Sólo puede adscribirse al neoclasicismo la capilla de la Comunión realizada durante el siglo XIX, fecha que escapa a los márgenes cronológicos de la construcción del edificio que quedan anclados por entero en el siglo XVIII. 1731 y 1784 serán los límites establecidos, aunque deberíamos alargar por el final la fecha hasta 1790 cuando tuvo lugar una crucial intervención en el presbiterio.

El modelo que se escogió siguió el de la iglesia de la Congregación del Oratorio de San Felipe Neri en Valencia, hoy iglesia de Santo Tomás. Desde principios del siglo XVIII muchos fueron los templos valencianos que se inclinaron por este modelo que, dicho sea, resultaba en cierto sentido arcaizante, pues su procedencia nos remonta a la Roma del siglo XVI -iglesia del Gesú-. 

Forma y disposición

Forma y disposición

 

planta

La iglesia de San Lucas Evangelista de Cheste se conforma a partir de una nave única de cuatro tramos cubierta con bóveda de cañón. Abarca cuatro capillas a cada lado, excepto en el lado del Evangelio, donde una de ellas cede su lugar a la puerta lateral de acceso. En su centro se levanta una cúpula sobre tambor de forma cilíndrica en el interior y octogonal en el exterior; el paso desde la planta cuadrada a la planta circular del tambor se realiza a partir de pechinas. Se trata de una cúpula de las llamadas de media naranja sobre la que se levanta la linterna y el cupulín. Ocho ventanas se abren en el tambor y ocho más en la linterna proporcionando de ese modo la luminosidad necesaria para llenar ese espacio crucial de la iglesia

Frente a la nave, traspasado el crucero y ya en la cabecera del edificio, encontramos el presbiterio, área del altar mayor separada de la nave a partir de gradas. Ante él se abría una cripta destinada a depositar los objetos utilizados en las ceremonias relacionadas con el sacramento del Bautismo, su acceso quedó inutilizado tras la reforma de 1940 en la que se desplazó el altar mayor desde su posición original adelantándolo unos metros hacia el crucero, en la actualidad el altar se encuentra de nuevo en su lugar de origen, pero la entrada a la cripta permanece cegada.

Flanqueando al presbiterio se abren dos espacios correspondientes a la sacristía y a la capilla de la Comunión con los que se comunica. En el lado de la Epístola se encuentra la sacristía. Conserva el acceso por el crucero y la conexión con el altar mayor; se comunica a la altura del testero con la parte posterior y las zonas superiores, entre ellas una pequeña estancia acondicionada como biblioteca y archivo, seguido de otro espacio justo sobre la sacristía que hace las veces de museo.

En el lado del Evangelio se sitúa la capilla de la Comunión, comunicada con el crucero y con el presbiterio. No puede datarse con exactitud el conjunto de esta capilla debido a la intervención que en los años sesenta del siglo XX tuvo lugar en ella, a resultas de la misma quedó oculta la decoración original; no obstante, parece probable que la fecha de 1824 que aparece inscrita sobre el revoco en el desván superior sea la correcta, teniendo en cuenta el tratamiento estilístico de este espacio que pone de manifiesto un clasicismo evidente. 

Las capillas laterales que mantuvieron su estructura y apariencia original hasta 1854, es decir, entre contrafuertes que pueden apreciarse desde el exterior a modo de machones salientes que fortalecen el edificio. Eran capillas independientes, cubiertas con bóvedas baídas con clave central.

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Estaban aisladas unas de otras y en ellas se rendía culto a la imagen ubicada en su altar correspondiente. Una vez horadados los muros, las capillas laterales quedaban comunicadas por pasillos potenciando el culto a los santos sin obstaculizar el ámbito central destinado al culto eucarístico en el altar mayor. Los huecos se abrieron en forma de arcos de medio punto y considerables proporciones, capaces de dar la impresión de estar frente a una nave lateral.

Mención a parte merece la fachada que enmarca la Iglesia de San Lucas Evangelista. El esmero en la disposición de las piezas se advierte en cada uno de los elementos que conforman las tres calles de la fachada y aún en el cuerpo superior donde la calle central se proyecta en altura para rematarse con el frontón triangular coronado por jarrones, ángeles y la cruz como colofón.

Arcos de medio punto enmarcan la portada original y los nichos de las calles laterales, elementos apilastrados, medias columnas corintias, potente plinto que recorre la extensión de la fachada a modo de zócalo, edículos que se abren en los intercolumnios y que en su día albergaron las estatuas de San Pedro y San Andrés —destruidas en la guerra civil-. Elementos todos ellos tratados de acuerdo con el más puro sentido técnico, pero sin renunciar a la plasticidad proporcionada por los volúmenes, los entrantes y salientes acompasados por un ritmo calculado, acompasado y armonioso, diluido en la blancura de la piedra procedente de la cantera de Yátova con que se trabajó. Proporcionando finalmente y por encima de todo una sensación piramidal que se desprende del conjunto dadas las proporciones de éste en altura y la acusada verticalidad de los elementos transitorios.

El interior

El interior

 

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Nave principal

La mayor parte del recinto interior nos remite en cuanto a decoración al estilo rococó que con su presencia tratará de disolver las formas arquitectónicas inclinándose hacia composiciones asimétricas. Motivos vegetales y líneas sinuosas inundarán todo el aparato ornamental. Fantasía desbocada, equilibrio inestable y búsqueda de lo espiritual a través de las formas harán acto de presencia en la decoración. Los colores escogidos serán claros y armoniosos, acompañándose del dorado para ofrecer finalmente una imagen celestial. Pero a la altura del presbiterio la decoración sufrirá un relevo estilístico para adaptarse a las directrices marcadas por la Academia de San Carlos. La ornamentación pasará a depender de la estructura y se entenderá como algo que deba servirla fielmente. Esta mutación, sin embargo, no implicó una falta de coherencia a la visión de conjunto que se mantiene armoniosa a pesar de ello.

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Detalle de los lunetos

De ese modo, abandonando las losas del suelo, nuestra vista va a dar con el zócalo policromo que circunda el interior del edificio, sobre él descansan pilastras situadas entre los arcos de medio punto que dan acceso a las capillas laterales. Sus fustes lisos están pintados simulando mármol blanco veteado en gris que contrasta fuertemente con el colorido del zócalo y el de las basas que los sustentan de tonalidad rojiza, se coronan con capiteles de orden corintio con jugosas hojas de acanto, caulículos y volutas en oro resplandeciente. Sobre el capitel descansa el arquitrabe que abre paso al entablamento. Más arriba, por detrás de la baranda, asoman los arcos fajones que desde la línea de imposta arrancan para voltear la bóveda de cañón que cubre la nav

La luz penetra desde lo alto para transformarse en una luz diferente al contacto con la decoración. Iluminadas por ella las pinturas que cubren las pechinas -restauradas tras el incendio de 1916- y que sustentan el tambor de la cúpula, parecen cobrar vida; los cuatro Padres de la Iglesia de Occidente, San Jerónimo, San Gregorio, San Ambrosio y San Agustín la sostienen simbólicamente como lo hicieran con la Iglesia de esta parte del mundo mediante sus doctrinas y obras. Son pinturas al fresco que se sitúan cronológicamente entre 1760 y 1767, situación derivada de su atribución a Juan Collado.

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Cúpula

Sin duda, la mejor manifestación de la tendencia rococó en la parroquial de Cheste son los marcos de las puertas de acceso a la sacristía y a la capilla de la Comunión donde a los motivos vegetales se les unen otros relacionados con la función de cada una de esas dependencias.

El presbiterio, por su parte, tiene una ornamentación muy diferente al del resto de la iglesia. Correcta, calibrada y adaptada en todo momento al marco arquitectónico al que iba a servir. Pilastras con fustes rehundidos, molduras con ovas y dardos, motivos vegetales que decoran el friso, guirnaldas, ménsulas y casetones, componen un conjunto de excelente sabor academicista. La bóveda de Cañón se Cubre con grandes casetones a la manera clásica y en su centro queda insertado el fresco que representa la “Apoteósis de San Lucas”, obra de Luis Antonio Planes.

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Acceso a la Sacristía

También suyo es el fresco situado en el lateral izquierdo cuyo tema responde a la representación de “San Lucas y San Pablo escribiendo” Con la misma tendencia estilística. En frente y con el mismo formato encontramos “La predicación de San Lucas”, obra pintada en 1951 por José Tarín Martínez, natural de Cheste, que sustituyó a la original, obra de Ramón Sánchez Garrido, debido al mal estado en que ésta se hallaba.

El retablo mayor

Vicente Esteve concibió un retablo mayor para la iglesia de San Lucas Evangelista de Cheste cargado de connotaciones clasicistas donde la planta y la montea se sofistican y se ponen al servicio de una limpieza compositiva sólo alterada en los adornos de rocalla que le permitían unir los distintos cuerpos gracias a su asimetría y a su aparente movilidad adaptada a los entrantes y salientes de las distintas calles y alturas.

Realizado en madera posteriormente dorada y pintada imitando el mármol, disponía de tres niveles que mantenían el orden corintio.

Entre 1916 y 1922 el retablo hubo de restaurarse, al igual que otras partes de la iglesia debido al devastador incendio que el 17 de agosto de 1916 asoló parte de la misma. La intervención daría lugar a ciertas variaciones en el terreno decorativo, y con esa imagen llegó hasta 1936 y se perpetuó después, cuando se construyó el actual a semejanza de éste, destruido durante la contienda civil.

El retablo que hoy podemos contemplar sigue bastante de cerca su diseño y ornamentación. Fue realizado en 1942. El artista que lo modeló fue Miguel Sanz Aparici. Se bendijo el día 18 de octubre, festividad del patrón y titular de dicho retablo.

El campanario

El campanario

 

Sin perturbar el trazado rectangular de la planta del edificio, la torre campanario se levanta a los pies del mismo por encima de más de 50 metros (51 m. de altura, más 4 de veleta). Su volumen hexagonal se mantiene desde la base hasta la cima, mostrando una gradación piramidal de esbeltas proporciones en la que una cuidada ornamentación al gusto de un barroco desprendido de toda suerte de excesos decorativos deja paso a un acento claramente clasicista.

Tres cuerpos, el de campanas y un remate constituyen la torre. Esbelta a pesar de su volumen. Esbelta gracias a las proporciones de sus cuerpos y al tratamiento que reciben: molduras sencillas separándolos, retallos cuidadosos en los paramentos y vanos abocinados en los lienzos murales que le confieren cierta ligereza; columnas dóricas sobre pedestales, sillares y tambores trabajados que avanzan y retroceden dotando de ritmo a las formas; pináculos y barandilla que se retiran para dejar paso en las alturas, contrafuertes horadados que dan la sensación de ver en la piedra un trabajo de recorte en el más delicado encaje; volutas aplanadas que nos ponen en contacto con la linterna y de nuevo, el esquema conocido del campanario, los arcos se acompañan a los lados por pilastras que han sustituido a las vigorosas columnas de más abajo; y por último la cúpula coronando el conjunto.

Seis Campanas rematan el conjunto:

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  • San Lucas
  • Nuestra Señora de la Soledad
  • Santos de la Piedra
  • San Andrés
  • San Antonio de Papua
  • Santa Rosalía

construidas por el campanero valenciano José Lleonart en la misma población.

Situación

Situación

 

Dirección:
Plaza de la Iglesia

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